La Odyssey era una máquina increíblemente simple, incapaz
de emitir sonido alguno o memorizar el progreso de los jugadores, que tenían
que anotar los puntos a mano, y los gráficos eran tan primitivos que en el set
con el que se vendía la consola se incluían unas plantillas transparentes
(overlays) con dibujos de colores para pegar a la pantalla del televisor. El
set también incluía billetes, fichas de póker, dados y cartones para
anotaciones, como si de un juego de mesa se tratase.
Magnavox fabricó 100.000 ejemplares de la Odyssey en sus
diferentes versiones, dependiendo del mercado al que iban destinadas. Tuvo un
éxito relativo, ya que no tenía competencia, a pesar del elevado precio de
comercialización. Los coleccionistas estiman que en la actualidad pueden quedar
unas 5.000 Odysseys, en diferentes estados de conservación, siendo las
completas en su set las más apreciadas y, lógicamente, las más caras.
Algunos detalles técnicos de la Magnavox Odyssey
Una de las principales curiosidades de este sistema es
que no funcionaba conectada a la red eléctrica, porque usaba pilas, algo que
hoy día sería impensable en una consola de sobremesa, debido a sus altos
consumos. Este detalle da una idea de los escasos requerimientos del sistema de
Magnavox.
Casi todos los componentes eran analógicos. Como ya se ha
comentado con anterioridad no emitía sonido alguno, los cartuchos de juegos no
tenían componentes internos puesto que eran simples tarjetas para provocar conexiones
(jumpers) entre los diferentes pines del slot por donde se introducían, para
luego ser trasladadas en forma de señal analógica al televisor.
Carecía de capacidades de almacenamiento, por lo que no
podía guardar partidas, ni retener información. En definitiva, la primera
consola de la historia era una máquina avanzada para su tiempo pero
tremendamente limitada en cuanto a posibilidades (no olvidemos que estamos
hablando de un aparato que en 2007 cuenta ya con 35 años de existencia).
Contexto social (datos proporcionados por Jot4)
Los niños llevaban a la escuela el bolígrafo de diez
colores (dejando pobre a su pariente de tres colores). También triunfaban las
cabezas de goma para colocar en los lápices.
Al salir de clase, antes de merendar, sacaban sus
juguetes: paracaidistas, juegos de bolsillo "Geyper", indios y
vaqueros de "Comansi", sobres sorpresa de "Montaplex". A
las niñas les gustaban los recortables de muñecas y la novedosa hermana de la
"Nancy", "Lesly".
Paracaidistas de los puestos de pipas
Se leían los cuentos troquelados de "Bruguera",
los cómics de "El Guerrero del Antifaz" (reliquias de los hermanos
mayores) y los celebérrimos "Mortadelo y Filemón".
Troquelados Bruguera
En la televisión (aún en blanco y negro en la inmensa
mayoría de los hogares que disfrutaban de una) estrenaban series como
"Colombo", "Los Camioneros", "Kojak" (haciendo
cumplir siempre la ley) y "La Casa de la Pradera", serie con personajes
que, semana tras semana, encogían el corazón de los telespectadores con sus
siempre desdichadas vidas.
La Casa de la Pradera
Deep Purple lanza el mítico "Made in Japan",
disco que condicionará el gusto musical de millones de personas para el resto
de sus vidas.
En el cine se estrenan películas como "La Naranja
Mecánica", "Love Story", "El Último Tango en París" o
"Drácula 73".
A grandes rasgos, algunos acontecimientos importantes
fueron la detención de "El Lute", la firma de la paz en Vietnam por
Richard Nixon y la elección de "Miss Madrid" de Norma Duval.
Estas son unas pequeñas pinceladas de la historia en el
momento en que la Magnavox Odyssey salía la venta, a un precio elevado en un
mercado inmaduro y que no podía, en la gran mayoría de los casos, asimilar un
producto tan revolucionario.
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